Charlas de Café · Antes del abismo

“Una de las cosas más hermosas en la vida es encontrar a alguien que pueda entenderte sin necesidad de dar tantas explicaciones.” — Kahlil Gibran
Gibran dijo una frase que debería venir impresa en los paquetes de café. Exactamente así, quien no habla mi idioma emocional se convierte en una carga tan pesada que mi calma interior empieza a pedir servicio técnico. Y lo peor, uno pierde tiempo explicando cosas que tendrían que venir de fábrica.
Hay personas que no es solo que no hablen nuestro idioma emocional… es que directamente no hablan el idioma emocional de nadie. Gente que parece recién aterrizada de otro planeta, donde el clima es raro, las prioridades también, y el sentido común viene con un manual que nadie recibió.
La incomunicación emocional no siempre nace de grandes tragedias. A veces la discusión empieza por un tema profundo. Otras veces —y acá viene mi favorita— empieza por la fecha de vencimiento de un huevo.
Sí, un huevo. Porque los huevos traen la fecha en la cáscara. En síntesis, el apocalipsis nutricional.
Resulta que no controlar la fecha es, aparentemente, un atentado contra la humanidad. Si alguien solo desdea preparar un omelette y la otra persona interpreta la escena como el inicio de un posible episodio de CSI.
Pero acá está lo importante: cuando alguien no habla tu idioma emocional, cualquier cosa se convierte en guerra mundial. Un huevo, una toalla, un mensaje no leído, un plato mal puesto.
Y sin embargo, vivimos bajo este mantra contemporáneo que repite: “la comunicación es la clave”, “las cosas se arreglan conversando”. ¿Hablar todo? ¡Si hablar con esa persona es como intentar explicarle poesía a un tostador!
Por eso sostengo algo que parece políticamente incorrecto: no, no siempre hay que hablar. A veces hablar es lo que enciende el incendio. Y callar, en cambio, es proteger un ambiente tranquilo, habitable. Escapar es mil veces más sabio que argumentar.
A veces hay que hacer como los gatos: ver venir el drama y desaparecer por seis horas.
Porque explicar, explicar y explicar… para terminar igual al borde del abismo… eso no es comunicación: es tortura emocional.
Y cuando la otra persona no detecta el peligro, cuando no siente el temblor bajo los pies, cuando sigue avanzando hacia la explosión como si nada… uno se desgasta. Se enoja. Se hiere. Se vacía.
Ahí es cuando la frase de Gibran deja de ser una cita bonita y se vuelve una brújula emocional. Nos recuerda que existe —aunque raras— personas capaces de entender la emoción detrás del gesto. Personas que ven el volcán antes de que erupte. Que saben cuándo detenerse antes de cruzar la línea.
Quizás la clave esté en aprender a retirarse a tiempo, antes de que el borde del abismo se convierta en hogar. Hay lugares del alma que están hechos para la calma, no para la supervivencia.
Para quien quiera ponerle un poco de teoría a todo este caos emocional, dejo algunas lecturas recomendadas sobre conexión emocional e inteligencia emocional:
- 🇪🇸 Conexión emocional en la pareja — Mejor con Salud
- 🇮🇹 Connessione emotiva e comunicazione efficace nella coppia — Domenico Iapello
- 🇬🇧 What is emotional intelligence? — Verywell Mind
